Hoy Victoria por fin respira. Coge aire. Mucho aire, y llena sus pulmones. Se siente libre. Siente la libertad dentro de ella. Hoy, si en algún momento alguien la detuviera por la calle, y le preguntará cómo esta, no dudaría en responder “Yo…soy feliz.“, estirando del Yo al soy, el tiempo y los segundos, para hacerse la interesante, y después explotar con su risa infantil y juguetona, y revelar el enigma de la pregunta. Y sí sabe que la vida no se detiene, que no se para, y que nunca descansa, pero le dolían demasiado los ojos de mirar el tiempo, ese potro desbocado que le resultaba imposible frenar. Avanzaba por encima de ella, los días, las semanas y los meses, y ella siempre sintiéndose pobre de tiempo. Pero hoy algo dentro de ella ha cambiado. Hoy se siente distinta. Un poco diferente. Hoy, ya ven, hablando con Helena acaba de descubrir cuál es su destino, como cualquier héroe de cómic, que tiene un principio y final, que tienen una misión, un sentido y dirección. Pues hoy, sí Victoria, también lo ha descubierto, y sabe verdaderamente lo que quiere. Por eso hoy anda tranquila, y con esa felicidad tan rara, tan explosiva y arrolladora, y a la vez tan suave, y tan ligera y tan blanca… Y es que hoy sabe, hoy ha descubierto, hoy más que nunca, que tiene todo el tiempo, y toda la vida por delante.
Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.
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un abrazo!