Tengo 28 años. Tengo 28 y nunca he sido feliz. Nunca. Es algo patético, inexplicable, o quizás más bien triste. No sé. Ni tan siquiera me lo planteo. Deambulo por la vida sin otra pretensión que sobrevivir, y continuar tirando. No sé que hago aquí. No sé cuál es mi misión, si es que tengo alguna. Paso de puntilla por la vida de los demás. Desconozco el entusiasmo. Desconozco los incendios en el corazón. Nunca me he enamorado. Nunca nadie aún me ha descolocado el alma. Nadie que me haya desencajado la vida. No he querido morir por nadie, y creo que nadie ha querido matarse por mí. En las conversaciones de los otros, ni tan siquiera hablan de mi. Quizás soy una sombra, y así mientras voy mareando los pensamientos, sobre cual es la diferencia entre un fósil y yo, cuál es la distancia qué nos separa, y entonces me pongo a temblar. Y me estremezco. Y lo mejor de todo, es que soy humana, demasiado humana. Y además, me llamo Victoria. Ironías de la vida…
Que llegue la noche, que llegue la noche… que su manto oscuro me proteja, Que su luna blanca amanse mis fieras, y mis aullidos de pena que ya no quiero pensarla, ni desearla. Que ya… Que ya me cansé de amarla.
Comentarios
y aquí que he llegado a tu primer mensaje.
Y lo mejor, lo mejor de todo es que somos humanos, incluso demasiado...
Un beso
Elena